Un pueblo se recuerda con nombres

Las cofradías, las peñas, la música y las palabras que hacen del pueblo lo que es.

Las cofradías

Las cofradías organizaban las fiestas religiosas y el refresco de después. Hay diez documentadas: San Pascual, San Martín Obispo, Sagrado Corazón, Misericordia, Sangre de Cristo, Santísimo Rosario, Minerva (Santísimo Sacramento), San Fabián, San Sebastián y San Antón, Santa Cruz y Santa Ubaldesca. Su documentación está en el Archivo Histórico Diocesano de Teruel.

  • La del Rosario ya existía en 1590, cuando su prior era Joannes de Astiria.
  • La de la Santa Cruz (o Sangre de Cristo) se fundó hacia 1629, tiene carácter penitencial y lleva los pasos de Semana Santa.
  • La de San Pascual es hoy la que tiene más cofrades. Cada año elige por sorteo al prior y al suprior.
  • A la de Santa Ubaldesca se la llamaba «la fiesta de los ricos».

Loraque y Benedicto (2006), pp. 113-117; Pamplona Polo (1988), Xiloca 1; París Marqués (2009); Aranda Algás (2022).

La Ronda

La Ronda de San Martín del Río es una tradición musical de mediados del siglo XIX que se ha mantenido por tradición oral. Es uno de los tesoros del folclore del Jiloca. Los mozos, y hoy también las mozas, cantan acompañados de guitarras, laúdes, bandurrias y guitarricos. Rondan las noches del 11 al 13 de agosto y la mañana del 15.

La Ronda empieza y acaba en la replaceta del horno, donde desde 1995 hay una piedra que lo recuerda. Según la memoria oral, llegó a durar quince noches, con violines y hueseras.

Crespo Vicente (2013), Cuadernos de Etnología, 26; Aranda Algás (2022).

La banda y las orquestas

El pueblo tuvo banda de música, con clarinetes, saxofones, trompetas, trombón, tuba, bombo y cuerda, sobre todo en los años 50 y 60. Después hubo una banda más pequeña hasta finales de los 70.

Más tarde, con músicos de Burbáguena, se formaron las orquestas «Bursan», «Anubis» y «Hora Cero». Hoy los Dulzaineros de San Martín del Río recuperan la música tradicional.

Las peñas

Las peñas nacen en los años sesenta. Con la cooperativa, muchas bodegas quedaron libres y se convirtieron en locales de reunión, donde se ofrecía la sopeta: vino, melocotón y azúcar, servido de la tinaja con un cazo.

Se recuerdan «El Diablo», «Luis Candelas», «La Sangonereta», «El Manicomio», «La Casica», «El Rincón», «La Cabaña», «El Hormigón» y muchas más.

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